jeudi 26 août 2010

Garche de sábado por la noche

Debo ser la única persona sobre la faz de la tierra que se pelea con un garche. ¿Se entiende? CON UN GARCHE, en la primera y única noche que te acostás con un desconocido. Un tipo que conocés en un bar de esos cuyos habitués suelen ser músicos indie, estudiantes de cine y gente cool. Un tipo que, al verte partir un poco enfadada por haber esperado hora y media sentada SOLA (con un celular y una cerveza, mirando el techo) para que arranque el recital, te va a buscar corriendo. Sí, CORRIENDO. Y me estoy cebando con las mayúsculas para que comprendan la gravedad de la situación. En fin, un man que está bárbaro, que labura en el BAFICI, que tiene una linda banda, un amateur de la fotografía, treintañero, un copado. Un tipo que te invita a una fiesta y que encima garcha bien. ¿Qué pasó entonces? Me fui de boca, como siempre. La carencia de filtro está complicando mi existencia, sin duda alguna. Pensemos, ¿que ser humano racional le dice a un efímero garche de sábado por la noche algo así como "me siento vacía"? HOLA Carolina, ¿en qué mundo vivís?
Me lleno de preguntas y palabras en mayúscula. "Me siento vacía", dale. El tipo trató de remarla, de explicar lo inexplicable y lo que ni siquiera tenía por qué explicar. Pobre, le quemé la cabeza con mis mambitos personales. Y pobre de mí, que debo lidiar con mi propia pelotudez.
Son las diez de la mañana. Me pasé de rosca, dije demasiado, la cagué demasiado. Es hora de desaparecer. Cuatro cuadras interminables y la peor cara de ojete por parte de él. Pobre, le arruiné la ilusión del segundo polvo. Y pobre de mí, que quedé como la loca de mierda que "se siente vacía" y encima lo menciona. Me pide explicaciones, no entiende como alguien puede estar tan rayada y, como si fuera poco, bajo una mirada autoritaria me condena a reflexionar camino a casa. Chau, es el fin de todos los garches, el acabose de los polvos, el apocalípsis de mi vida sexual (?) Bueno, me fui un toque al carajo.
Ya vendrán otros, de todo se aprende, la vida es una tómbola, let it be. Como quieras, pero no pienso curtir hasta dentro de un tiempo, cuando los dinosaurios revivan y el aborto sea legal.


Nota de pie: por cierto, para completar el círculo de cagadas, al susodicho, del cual no tengo ni el mail ni el celular ni nada, le mandé un mensaje privado vía facebook pidiendole disculpas y recordandole que soy "la loca de mierda que te curtiste el sábado". Conciencia limpia, a otra cosa.

mercredi 4 août 2010

Cher journal

Son las cuatro de la madrugada y sigo comiendo un kilo de helado que sobró del martes pasado. De repente, y como bala perdida en Navidad, penetró en mis sesos la necesidad por escribir mis días. O semanas, o meses. Los que me conocen bien saben que si de algo carezco es de constancia. Por ejemplo, jamás pude mantener un querido diario (afortunadamente twitter apareció en mi vida para suplir esa carencia de la niñez) ni terminar las clases de guitarra; tampoco leer de principio a fin un libro sin antes comenzar otro. Francés, fotografía, ballet (whathefuck?). La lista es eterna.
Pero la gente crece, el amor se escapa, y mi paciencia se agota. Cumplir veinte años y sentir que la vida se te pasó tan rápido como un orgasmo es una advertencia la cual no podés pasar por alto. Es hora de un cambio.
En año nuevo o en los cumpleaños, uno se cree que con decirlo, desearlo, pensarlo alcanza, pero la felicidad no cae del cielo (como la innecesaria analogía de hace diez renglones acerca de balas perdidas). Sin embargo, año tras año, tengo la fantasía que así será, que mágicamente a la hora cero del día uno el pasado queda atrás y el dolor se despide con una sonrisa, como el año que se acaba de ir. Pero pasan los días y todo empeora. Llego a la banal conclusión de que todo lo anterior fue mejor: mi pelo, mi ex novio, los amigos de fin de semana. Lo peor de todo es la irremediable angustia existencial que se apodera de aquella ingenua esperanza por una vida felíz. Pero felíz con todas las letras.
Pasan los meses y las cosas mejoran. Te das cuenta que tu pelo estaba quemado, que tu ex era un drogodependiente con olor a pata, que tus "amigos" eran eso: de fin de semana, superficialidad absoluta. No todo era tan perfecto como a la distancia se ve.
Exhalar. Alivio. Ese alivio que genera el darte cuenta de que el reloj despertador estaba adelantado dos horas y no vas a llegar tarde a la facultad.
Ahora, pasan las sesiones de terapia, las estaciones del año y..¡voilà!. Todo parece empeorar. Mejorar, empeorar. Conclusión válida: la vida es un electrocardiograma y la felicidad es efímera. Corta. Cortísima.
Hace dos meses y un día, para ser exactos, cumplí veinte años y comprendiendo esto, las cosas duelen menos. Al fin y al cabo, siempre hay un cielo rosado, un disco de The Smiths y un paquete enorme de chizitos, esperándonos, allá afuera.